
Al volver, ya de noche, los enanitos a la casa, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo, pálida y quieta, creyeron que había muerto y le construyeron una urna de cristal para que todos los animalitos del bosque pudieran despedirse de ella.
En ese momento apareció un príncipe a lomos de un brioso corcel y nada más contemplar a Blancanieves quedó prendado de ella. Quiso despedirse besándola y de repente, Blancanieves volvió a la vida, pues el beso de amor que le había dado el príncipe rompió el hechizo de la malvada reina.
Blancanieves se casó con el príncipe y expulsaron a la cruel reina y desde entonces todos vivieron felices.
Para encontrar a la bella joven, el Rey ideó un plan. Se casaría con aquella que pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el zapatito.
Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le estaba perfecto.
Y así sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices.
La Bestia estaba allí, reclinada en un árbol, con los ojos cerrados, como muerta. Bella se abalanzó sobre el monstruo abrazándolo: "No te mueras! No te mueras! Me casaré contigo!"
Tras esas palabras, aconteció un prodigio: el horrible hocico de la Bestia se convirtió en la figura de un hermoso joven. "¡Cuánto he esperado este momento! Una bruja maléfica me transformó en un monstruo y sólo el amor de una joven que aceptara casarse conmigo, tal cual era, podía devolverme mi apariencia normal. Se celebró la boda, y el joven príncipe quiso que, para conmemorar aquel día, se cultivasen en su honor sólo rosas en el jardín.
Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó... Con aquel beso, de pronto la muchacha se desesperezó y abrió los ojos, despertando del larguísimo sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró: ¡Por fin habéis llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado." El encantamiento se había roto. La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y diciéndose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca. Al cabo de unos días, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de cantos, de música y de alegres risas con motivo de la boda.
Aladino ansioso le pidió al genio de la lámpara que levantara un palacio de mármol y piedras preciosas, con el jardín mas bello de todos. Al día siguiente el sultán quedó impresionado al ver tal palacio y concedió la mano de su hija al muchacho. En pocos días se casaron y comenzaron una vida muy feliz.
Los ingleses e indios empiezan a bajar las armas y liberan a Smith. Ratcliffe cree que es una trampa y le dispara al Padre de Pocahontas, John se cruza y la bala le llega a él. Los colonos resuelven volver a Inglaterra para que John se recupere. Éste le pide a Pocahontas que lo acompañe, pero ella ya había elegido su camino y se queda en la aldea.
Ariel, con la ayuda de sus amigos Sebastián, Flounder y el príncipe Eric, logra derrotar a la bruja y destruirla, revirtiendo los hechizos de Úrsula y liberando a Tritón. Una vez que Tritón se percata del amor entre Ariel y Eric, decide convertirla en ser humano, para posteriormente celebrarse la boda entre los dos enamorados.
HISTORIAS DE PRINCESAS:
Estas historias, son las mas conocidas, esos cuentos de hadas que todas las chicas soñamos con tener, pero siempre hay algo nuevo y distinto; la vida real, no se parece en nada a esas lindas historias, la vida real a veces te trae sorpresas una de ellas llega a destruirte emocionalmente, y ya no hay sentido para creer en esas tontas historias que veiamos y nos contaban de pequeños. Ya es momento de crecer y afrontar la vida, de dejar atras toda esa infancia feliz, y saber que en el futuro no todo va a salir bien, como en esos cuentos de hadas que nos contaban...
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